Novela
1Q84 (LIBROS 1 Y 2)
HARUKI MURAKAMI
(Tusquets - Buenos Aires)
Extravagante y enigmática. Así es la novela de Murakami. Fiel a su estilo, el autor muestra, una vez más, su obsesión por crear laberintos entre los que se deslizan los personajes. Aomame es una mujer asesina que elimina a los hombres abusadores. Tengo es un profesor con anhelos de convertirse en escritor. Ambos recorren intrincados caminos en dos historias paralelas dentro de una trama repleta de curvas, con giros bruscos y en un terreno de inestabilidad permanente.
Aomame cree estar en un mundo equidistante. Recibe señales contradictorias que refuerzan su confusión. Como una sombra extraña, el relato avanza en un clima de realismo en la primera parte, hasta explotar en un escenario de ribetes fantásticos en el segunda tramo de la novela. Tengo debe corregir La crisálida del aire, una novela escrita por una adolescente, que concursa por un premio literario. Justamente, ese trabajo convierte al aspirante a escritor en el blanco de la mujer asesina. En ese momento, Murakami deja de lado el zigzagueo del relato y avanza despejando algunos enigmas, como quien quita las piedras del camino.
Aparecen aquí las descripciones minuciosas, minimalistas, meticulosas, tan típicas del autor oriental más famoso de occidente. Tampoco deja de lado las referencias musicales dispersas a lo largo de todas sus obras, incluida esta, casi como un juego o un pacto con el lector fiel. En la narración de Murakami vuelven lo fantasmagórico, lo onírico, lo siniestro, todo eso conjugado con la soledad de los protagonistas. Algo parece querer entrelazarlos; sin embargo, los protagonistas guardan sus propios secretos.
Interrogantes
Aomame siente fascinación por el estudio de la historia universal. Tengo es un rutinario profesor de matemáticas, que prefiere las letras. Están lejos y, a la vez, cerca. Murakami describe dos relatos y, por momentos, con ritmos diferentes. Mientras uno decae, el otro acelera en una narración sin respiro. Ambientada en Japón, en 1984, es una historia de amor, de corrupción y de sectas en la que el lector pierde la noción del tiempo por la intensidad de la trama.
Es imposible sustraerse del clima intrigante en varios de sus capítulos, aunque -a veces- las eternas descripciones de Murakami parecen distraer el eje del relato. Sin embargo, lo que ocurre es que el lector se sumerge en una marejada de historias mínimas. Esa es la capacidad que tiene el escritor japonés que más libros ha vendido en los últimos años para moverse por las atmósferas de intrigas. Se trata de una escritura jactanciosa, acorde al autor que varias veces sonó como candidato al Nobel de Literatura.
1Q84 puede atrapar a muchos lectores incondicionales (de hecho, los libros de Murakami terminan siendo éxitos de ventas en casi todo el mundo). A esta altura de su carrera literaria, el autor japonés, que vive en Estados Unidos, vende con solo escribir su nombre. Pero, esta vez, el desafío mayor es atraer a los neófitos del universo Murakami. Y ese objetivo todavía sigue siendo un interrogante.
Sencillo y profundo
La música es un aspecto central en los libros de Murakami. 1Q84 no es la excepción. La música sirve de ambiente en los escenarios intrincados por los que se desplazan los personajes. Los protagonistas son gente común que se enfrenta a lo cotidiano con la misma incertidumbre de cualquier mortal. El relato salta de la sencillez a lo profundo y sus historias parecen elementales.
Dentro de sus relatos, Murakami suele hacer referencias a novelas de otros autores. Las referencias literarias más fáciles de advertir son Thomas Mann, Franz Kafka y Lewis Carrol. Por el lado musical, es una constante la alusión a la Sinfonietta de Leos Janacek.
Los ecos de novelas anteriores resurgen en 1Q84 con los juegos entre realidad y ficción. Es fácil leer a Murakami, aunque esto no implica que se trate de un autor simple, sino más bien que su forma de narrar es, de alguna manera, estimulante. El relato está centrado en el ser humano con sus intrigas, sus hallazgos, sus desencuentros. También se apoya en las ciudades, al punto tal que una urbe también se transforma en protagonista.
Hay que estar dispuesto a entrar en el cosmos de sensaciones íntimas que propone Murakami, un autor que sabe mover los hilos para construir las madejas de la melancolía y de las angustias de sus personajes.
© LA GACETA
Miguel Velárdez